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Marlin Castellanos, de maestra de computación a empresaria en Carolina del Sur


Hace 19 años la hondureña Marlin Castellanos se fue de Santa Rosa de Copán hacia Estados Unidos, sin imaginar que tiempo después se convertiría en la propietaria de una compañía de limpieza en Carolina del Sur. 

Antes de emigrar, la hondureña era secretaria en una empresa que apoyaba a pequeños agricultores en su ciudad natal, y por las noches enseñaba computación. Ya instalada en Estados Unidos (septiembre de 1999) y sin hablar inglés, Marlin obtuvo su primer empleo en un restaurante de comida china en Houston, Texas; su madre que ya vivía en Nueva York la invitó a mudarse con ella meses más tarde y trabajar juntas en limpieza de casas. “Fue ella quien me enseñó todo sobre limpieza y los productos a usar” recuerda Marlin.

Dos años después y de trabajar sin descanso, la compatriota tenía dos empleos permanentes: en una tienda de ropa y por la noche y fines de semana en una lavandería. “Quería reunir dinero y traer a mi lado los dos hijos de 4 y 9 meses que había dejado en Honduras”. En el 2002 logra tener consigo a uno de ellos y un año después se muda a Carolina del Sur junto a su nueva pareja y dos hijos de éste enlace. “Cuidé niños junto con los míos y hacía comida para vender, como pasteles tres leches que aprendí a hacer viendo YouTube” detalla.

Pero fue hasta en el 2005 que Marlin decide emprender en el condado de Beaufort de Carolina del Sur, su compañía de limpieza “Marlin’s Cleaning Service”, una empresa que fue creciendo poco a poco hasta el punto de llegar a tener 11 empleados. “Actualmente limpiamos casas de habitación, vacacionales entre semana y oficinas de abogados y dentistas los fines de semana” añade.

El éxito de la compañía radica según su propietaria, en las buenas referencias de sus clientes permanentes; “el inglés ya no es un obstáculo porque lo hablo y escribo sin problemas” refiere la paisana, quien después de 15 años ha logrado no sólo legalizar su estatus migratorio en Estados Unidos sino también viajar a Honduras para reencontrarse con su familia. “Extrañé por años mi familia pero una vez que logré legalizar mi estatus pude por fin volverlos a ver, aunque algunos ya no estaban vivos” lamenta.

La compatriota -que llegó a EEUU a los 20 años de edad- recordó que su situación en Honduras fue muy difícil; “en varias ocasiones no tenía dinero para comer, ese dolor me impulsó a dejar mis hijos, mi familia y mi país para venir a un mundo totalmente desconocido con la esperanza de cambiar mi vida y la de mis hijos”.  A raíz de la migración, Marlin también perdió contacto con su primer hijo y asegura que hasta ahora eso ha sido lo mas difícil que le ha tocado vivir.

Sin embargo, las retribuciones a su esfuerzo y sacrificios los ve reflejados no sólo en sus logros empresariales también en lo que hoy en día se han convertido sus hijos, ciudadanos de bien que apoyan a su madre en su emprendimiento. /R5/

/ Si tienes una historia como la de Marlin, escríbenos a rutacincohn@gmail.com /

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