Porqué leer: permaneciendo y escapando de la realidad

En las siguientes líneas les compartiré sobre el poder de la lectura y de cómo un libro puede marcar nuestra vida.

Citando al escritor inglés William Somerset Maugham: “Algunas personas leen para instruirse, lo que es loable, y otros leen por placer, lo que es inocente, pero son pocos los que leen por hábito, y supongo que eso no es ni inocente ni loable”.

Empecemos con una pregunta de reflexión: ¿cuál ha sido su primera introducción a la lectura?

Mis primeros libros fueron las lecturas obligatorias de mi escuela que, como buena escuela católica, en su mayoría eran biografías de santos. Si bien a estas alturas de mi vida encuentro un especial valor en leer obras biográficas de personas cuyas vidas han dejado una particular huella en la humanidad, digamos que no son libros que inciten a la lectura a la mayoría de los estudiantes de entre 10 y 14 años.

A pesar de esta “particular” selección la lista incluyó dos libros que marcaron para siempre mi experiencia con la lectura: Juan Salvador Gaviota de Richard Bach y Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne. Veinte años después de haber leído esos libros, las imágenes mentales generadas y las emociones que me provocaron las historias siguen grabadas en mí. Ese es el poder de la lectura.

Los escritores estimulan y guían nuestra imaginación, pero somos nosotros quienes tenemos el control de la creación. Nuestro consciente y subconsciente hacen magia (¿o debemos decir ciencia que todavía no alcanzamos a comprender a plenitud?) y crean un universo propio y muy personal en donde nos volvemos paisajistas, carpinteros, arquitectos, ingenieros, pintores, escultores, y cual profesión y oficio es necesario para construir una comunidad y permiten adjudicarles un rostro y características físicas a sus habitantes.

Las artes visuales tienen un valor diferente, nos permiten entrar a la mente de otras personas y disfrutar de los resultados de sus procesos creativos.

Además de experimentar ese proceso creativo –a medida que pasa el tiempo mejoramos esta habilidad y los mundos creados se vuelven más complejos y detallados–, el ritmo de consumo de información que ofrece la lectura nos impacta de forma diferente. Pasamos más tiempo con los personajes y los conocemos más íntimamente, por lo que nos involucramos más con sus historias y comenzamos a descubrir paralelos con nuestra realidad, llegamos a ver reflejados elementos de nuestra propia personalidad y de nuestros allegados. 

Buda dijo: “Todo lo que te molesta de otros seres, es solo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo.” Esta frase me ha llevado a incorporar a mi rutina el hábito de reflexionar porque la personalidad, ideas o acciones de otros me generan malestar y me llevan a preguntarme ¿es solo incompatibilidad de caracteres o hay algo más que ha logrado mantenerse oculto a mi consciente? La lectura abre nuestra mente a otros puntos de vista, a otras culturas y costumbres, dándonos la oportunidad de ser más empáticos.

La lectura también puede convertirse en una herramienta de autoconocimiento y reflexión, ya que nos da espacio para confrontar nuestro yo interno, nuestras ideas y nuestro actuar. Dedicar unos minutos al día para profundizar sobre porqué pensamos como pensamos nos puede llevar a conclusiones interesantes, a la realización que una buena parte de nuestras ideas pueden ser obsoletas y sin sustento o que nuestra perspectiva ha cambiado con el tiempo.

Para concluir, vuelvo a lo planteado por W. Somerset Maugham y me quedo con que la motivación de la lectura es muy personal, lo que si importa es que lo ganado es inmensurable. Ya sea que leamos por placer, para educarnos o simplemente como hábito, la realidad es que “Adquirir el hábito de a lectura es construirse un refugio contra casi todas las miserias de la vida…”

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