A los 35 …

El objetivo de estas palabras que me animo a compartirles, no tiene como propósito evaluar “éxitos” ni “fracasos” en nuestra vida, es solo una reflexión personal sobre la capacidad de cambio que tenemos los seres humanos. Mientras escribo, esa es la palabra que permanece en mi mente: CAMBIO. Así que vamos con ello…

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A mis queridos colegas de vida, que al igual que yo pertenecen al grupo de los “treintones” les pregunto: ¿qué tan diferente es la vida que están viviendo en contraste con la vida que imaginaron tener cuando eran solo unos adolescentes?

Si consideramos los avances que se han dado en el mundo con el paso del tiempo y lo mucho que nosotros cambiamos como individuos, resultado de nuestras experiencias y aprendizaje, imagino que muchas cosas inesperadas han pasado, o tal vez sí están viviendo la vida que siempre quisieron tener, aunque siempre con algunas sorpresas, no lo dudo.

Para romper el hielo comenzaré yo…la vida que estoy viviendo no se asemeja en nada al plan original de la adolescente que creció en esa primera década del 2000. Es más, podría decir que casi es lo opuesto al escenario que imaginé vivir, esa adolescente estaría muy sorprendida de enfrentarse a la persona en la que me he convertido y que a todas luces seguirá transformándose a futuro (que te digo Karla, somos el resultado de la combinación de muchos elementos internos y externos, pero estamos aprendiendo a vivir la vida a plenitud, ese aprendizaje no parece acabar).

Las razones y causas que marcan los cambios trascendentes son muchos, y con ellos llega inevitablemente el cambio en nuestras vidas, aunque en ocasiones no queramos confrontar la persona en la que nos hemos convertido, no somos los que fuimos hace meses, mucho menos años atrás. Cambia nuestra forma de vernos a nosotros mismos y la forma en que vemos al mundo, con las dificultades que presenta el enfrentarse a que en más ocasiones de las que quizás queramos aceptar, nos hemos equivocados y nos hemos negado a hacer frente a esas equivocaciones por no querer doblegar el orgullo que alimenta la falsa superioridad que nos mantiene creyendo que somos mejores personas o estamos “en otro nivel” en comparación a otras personas. El trabajo interior nunca acaba.

El lente por medio del cual vemos al mundo cambia con el tiempo…todavía recuerdo que durante mi adolescencia mi universo era mi círculo de “amigos” y estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por ellos, en esa época me sentía incomprendida por los adultos que me rodeaban, porque mi generación poseía la verdad absoluta y los mayores no podían comprender jamás lo que vivíamos en ese momento ¡no se daban cuenta que los “tiempos han cambiado”! (bastante dramático, pero así éramos todos y así seguirán siendo los adolescentes de las generaciones venideras porque es parte del proceso de cambios emocionales, mentales y hormonales de todo ser humano…nos haría bien recordar de vez en cuando que todos pasamos por ello y toca tener un poco de paciencia extra con los adolescentes a nuestro alrededor, que piensan que “no los comprendemos porque sus tiempos no son los nuestros, las cosas son diferentes”). De la década de mis 20 no hay mucho que decir, había que cumplir con lo esperado y asumir responsabilidades adicionales por mis circunstancias particulares, tocaba terminar la carrera, trabajar y vivir con la decepción de que cambiar el mundo no es tan fácil como la mente idealista de nuestra juventud pensaba, que una cosa era fantasear con la idea de un trabajo y otra muy diferente adaptarse a un ambiente laboral real.

Pero luego llegan los 30 y una vez pasado el temor por el cambio de ese primer dígito, usualmente ligado a que “mayor edad conlleva mayor responsabilidad” y que por ende se espera más de nosotros, llega ese momento en que toca decidir si nos doblegamos o no ante las absurdas presiones sociales y normas arcaicas que siguen midiendo con estándares irreales, en pleno siglo XXI, a las mujeres, miembros de la comunidad LGBTIQ+ y muchos otros grupos minoritarios, porque no se ajustan al “orden prestablecido de vida”… prestablecido por quién es la pregunta que todos debemos hacernos.

Sin embargo, la realidad es que en esta vida no todo sigue siempre ese orden prestablecido, porque las circunstancias varían de persona a persona. Los únicos que debemos/podemos juzgar lo que compete a nuestras vidas personales somos nosotros mismos, si deseamos seguir ese orden de las cosas maravilloso, si por el contrario queremos darle vuelta al sistema y vivir bajo nuestras propias reglas ¡enhorabuena! Cuando de vivir hablamos, no hay una sola respuesta correcta.

En mis 30 y después de mucho esfuerzo encontré mi voz y ejerzo a plenitud mi libertad de hacer lo que me llena, con o sin la aceptación de los demás. A mis 35 vivo mis días consciente que el mundo siempre tendrá una opinión sobre lo que hago o pienso, siempre habrá quienes estén a favor o en contra de cualquier decisión que tome, así que simplemente me levanto y decido vivirlo a mi manera, porque lo que otros dicen y hacen muchas veces sale de nuestro control, pero como reaccionamos y absorbemos esas interacciones inevitables eso si que depende de nosotros mismos.

A mis 35 aprendo, desaprendo y reaprendo constantemente. 

A mis 35 reflexiono en mi pasado, en lo que hice y dejé de hacer, a veces por temor y a veces por comodidad, a veces por voluntad propia y otras por la presión, pero sin culpas o liberándome poco a poco de ellas, con el objetivo de crecer y aprender de los errores cometidos para ser una mejor versión de mi misma, bajo mis propios estándares.

A mis 35 me esfuerzo por vivir sin reproches, recordándome que no puedo cambiar el pasado.

A mis 35 tengo la libertad de escapar físicamente de mis problemas y preocupaciones temporalmente, para darme un respiro cuando todo a mi alrededor parece implosionar.

A mis 35 encuentro placer en el silencio, en los sonidos de la naturaleza y del agua que corre en los ríos, y del vasto mar.

A mis 35 finalmente descubrí pasatiempos que me hacen feliz.

A mis 35 disfruto de hacer lo que me gusta, aunque eso implique que en ocasiones lo haga sola, porque finalmente aprendí a disfrutar de mi propia compañía.

A mis 35 disfruto de viajes inesperados que surgen del aburrimiento o del deseo de conocer otros ambientes, otras caras.

A mis 35 me conozco mejor a pesar de lo mucho que he cambiado. Descubrí que los gatos me hacen feliz y que los tatuajes que amé y soñé hacerme están a mi alcance. También descubrí para mi sorpresa que una vez que se tiene un gato o un tatuaje, uno solo rara vez es suficiente y que inevitablemente se termina yendo por más. 

A mis 35 tengo la certeza de que tener amigos en el pleno sentido de la palabra, el número no es lo importante y que aunque yo tengo pocos son de batalla.

A mis 35 sigo luchando con algunas inseguridades y traumas que vienen de mi infancia y unos que otros nuevos que se han sumado a mi mochila en el camino, pero que ahora cuento con las herramientas y el sistema de apoyo para enfrentarlos.

A mis 35 comprendo a mi Mamá y me encuentro constantemente diciéndome a mi misma “cuanta razón tenía mi mamá cuando decía/me dice que…”. 

A mis 35 priorizo disfrutar el presente en lugar de estresarme por planear el futuro.

A mis 35 descubrí que muchos de los principios que regían mi vida no eran realmente míos, que me obligué a aceptarlos sin refutar en parte por ignorancia y en parte por temor a enfrentar oposición y ahora comienzo a erigir nuevos pilares en su lugar.

A mis 35 estoy montada en el barco que me lleva a transitar por senderos en los que aprendo, desaprendo y reaprendo lo que significa ser mujer.

Cualquier momento en nuestra vida es el momento adecuado para comenzar un cambio de mentalidad y de circunstancias. En ocasiones para realizar ese cambio debemos buscar un sistema de apoyo, pero lo que si está claro es que el verdadero cambio comienza dentro de nosotros mismos.

“Enamórate de ti, de la vida. Y luego de quien tú quieras” – Frida Khalo.

A mi persona favorita:

A mi Madre

En un mundo que sigue midiendo a las mujeres con una escala diferente,

ella me mide solo con la escala de su amor y la aceptación de quien soy.

Karla Macoto

Lic. Relaciones Internacionales.
Aficionada del aprendizaje de idiomas y la lectura.

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error: Enfrentarás demandas millonarias x copiarme!!
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