Emociones

Estas palabras no las escribo desde el punto de vista de una experta, porque no tengo credenciales profesionales para ello, las escribo desde la perspectiva de alguien que está haciendo el viaje, con sus altos y bajos, de conocer y aprender a manejar sus emociones. Con esta columna cerraremos este bloque que había venido dedicando a temas de salud mental, pero que ocasionalmente retomaremos por su importancia.

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Foto: tawatchai07.

La RAE define Emoción como una “Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”, siendo lo somático lo relativo a la parte material o corpórea de un ser animado.

Todos hacemos frente a la vida y a nuestras emociones de maneras diferentes, la forma en que lo hacemos depende de nuestra personalidad, nuestras circunstancias, el ambiente en el que crecimos y nos desarrollamos, etc.

De niños nos enseñan al menos superficialmente, las emociones más básicas que experimentamos los seres humanos: alegría, tristeza, enojo, miedo, etc. Pero realmente sabemos ¿qué son las emociones? ¿cuáles son las emociones que me dominan como individuo? ¿cómo afectan las emociones mi día a día?

Con el paso del tiempo y los cada vez más profundos estudios científicos sobre las emociones, se ha podido establecer que las mismas influyen considerablemente en la forma en que vivimos nuestras vidas. Se viene a la memoria la película animada Inside Out y el tremendo impacto que ésta tuvo a nivel mundial no sólo entre los niños, a quienes en esencia estaba dirigida, sino también en los adultos, por la forma clara, sencilla pero a la vez profunda, de cómo representaba la manera en que las emociones rigen nuestro día a día desde lo más elemental hasta los momentos más trascendentales.

Sin duda, son afortunadas las personas que tuvieron/tienen la oportunidad de desarrollarse en ambientes en los cuales enfrentar las emociones es un ejercicio constante, libre y espontáneo. Pero la existencia de estas personas “afortunadas”, en este contexto, nos lleva a pensar en quienes habitan al otro lado del espectro, aquellos que por razones conocidas únicamente a ese individuo mismo, no han podido adquirir las herramientas básicas para manejar sus emociones de forma efectiva, quienes han decido enterrar en lo mas profundo del subconsciente eventos vinculados con emociones que suelen calificarse como “negativas”, a pesar de que estas emociones son indispensables para el ser humano ya que están diseñadas para servir como mecanismos de defensa que nos alertan de situaciones que pueden resultar peligrosas.

Es así que en ocasiones optamos por ignorar esas emociones “negativas” y esto nos vuelve torpes en momentos en que debemos enfrentar situaciones bajo la influencia de esas mismas emociones que no aprendimos a manejar, porque como bien dice el refrán “la vida no es de color rosa”.

Pero no enfrentar nuestras emociones apropiadamente eventualmente nos pasa factura. Por más lentamente que un vaso se vaya llenado con gotas de agua, eventualmente este rebalsará y cuándo llegamos a este punto, situaciones que pudieron haber sido fácilmente manejadas en su momento, se vuelven sumamente dolorosas con el paso del tiempo. Las palabras dichas y las acciones que marcaron a otros o que nos marcaron a nosotros, quedan registradas en la historia de cada individuo y estas no pueden ser borradas.

Por otra parte, si bien la interconectividad a la que estamos expuestos constantemente ofrece muchas oportunidades para impactar de forma positiva la vida de muchas personas, dando visibilidad a causas justas y darle voz a quienes antes no la tenían, la realidad es que la vida virtual, habitualmente anónima, en la que no enfrentamos consecuencias tangibles parece que nos ha cegado y nos ha llenado de una falsa virtud en la que nos creemos estar en un pedestal moral desde el cual emitimos juicios sobre las acciones de otros sin contexto alguno.

Nos hemos vuelto altamente sensibles y ahora parece imposible decir algo sin inflamar la rabia y odio desmedido de algunos que no pueden controlarse y que se escudan detrás de una pantalla para decir cosas que normalmente no dirían a otro individuo, porque decir las cosas frente a frente requiere que filtremos lo que hay en nuestra cabeza, aunque en ocasiones esos filtros no funcionan apropiadamente aún en esas circunstancias, y ¿para qué? ¿para obtener un “me gusta”? ¿realmente ganamos algo con estas acciones?.

Reflexionar y ser reales con nosotros mismos no es tarea fácil, porque mientras más indagamos en nuestro interior mayores son las probabilidades de encontrar cosas desagradables. Se dice por ahí que todos nos creemos héroes de nuestra propia historia, pero olvidamos que todos somos capaces de infringir dolor, de ser el villano en la vida de alguien más, a veces de forma involuntaria y otras con toda la intención fría y calculada.

Ser una mejor versión de nosotros mismos requiere de un trabajo constante y a veces doloroso, pero debemos recordar que no todo dolor tiene implicaciones negativas (el dolor de parto, por ejemplo, es la bienvenida al mundo de una vida), así que las ganancias de este arduo trabajo siempre pesarán más que las dificultades del proceso.

Asumir la responsabilidad de nuestra vida nos compete únicamente a nosotros, no podemos controlar las acciones y palabras de otros, pero sí está en nuestro poder como manejar nuestra reacción a ellas. El círculo familiar, la escuela, los amigos, juegan un rol importante cuando estamos más vulnerables, nos moldean, pero una vez crecemos y nos lanzamos al mundo descubrimos que nadie asumirá la responsabilidad por nuestras vidas y sus consecuencias, que cuando toque deberemos recoger las piezas rotas y enfrentar el mundo, lo bueno y lo no tan bueno.

Así que mejor comenzamos a aprender sobre nuestras emociones y sus efectos en nuestras vidas para mover las piezas del rompecabezas que habíamos forzado a encajar y colocarlas en donde corresponden, porque nunca es tarde cuando se trata de mejorar la calidad de nuestra propia existencia.

Karla Macoto

Lic. Relaciones Internacionales.
Aficionada del aprendizaje de idiomas y la lectura.

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