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Sus productos comestibles a base de insectos son un éxito en México, EEUU y Holanda

Hace unos siete años atrás ya era común encontrarse en México o Madrid con restaurantes que en su menú incluían platillos extravagantes con insectos.

En mayo 2013 la ONU pronosticaba que eran el alimento del futuro y la FAO ya destacaba sus propiedades y consumo. Hoy en día comer insectos es una tendencia; por lo que CRIC (Costa Rica Insect Company) no quiso quedarse atrás y promover desde Cartago, Costa Rica una solución nutricional para el planeta, con insectos como snacks o plato fuerte.

El ambicioso proyecto lo inició Daniela Arias Rivera y Alejandro Ortega Alvarez, dos jóvenes ticos que estudiaron Nutrición y Marketing, respectivamente. Ambos han logrado extraer proteína de insectos y convertirla en harina para fabricar productos alimenticios, como solución ante la escasez que podría avecinarse en el 2050 (o quizás antes); su propuesta ha sido muy bien en aceptada en países como México, Estados Unidos y en Holanda, donde incluso desarrollan empaques comestibles y bioplásticos junto a su compañía madre ‘Sibo’.

«Hasta la fecha hemos podido participar en el Global Entrepreneurship Summit 2019 con el apoyo de la Embajada de Estados Unidos en Costa Rica; fuimos los ganadores del Future Agro Challenge en Costa Rica -organizado por Yo Emprendedor Costa Rica- y fuimos parte de las 10 empresas a nivel global seleccionadas para el programa de Accelerate 2030 de Impact Hub» detalla a #Ruta5hn Alejandro Ortega, CEO y Co-fundador de CRIC y Sibo Inc.

CRIC también impulsa un programa de socios productores de insectos a nivel nacional, con el apoyo de otras instituciones agroindustriales. «Hasta el momento trabajamos con el Grillo “Acheta Domesticus” el cual es alto en proteína, fácil de incorporar en alimentos y fácil de digerir, pero lo más importante es que está avalado por la regulación europea de alimentos novedosos» agrega Daniela.

Hemos tenido muchos comentarios pero generalmente la reacción va en dos sentidos: (1) personas muy curiosas que quieren probar cosas nuevas y (2) personas con más resistencia que nos dicen que jamás comerían insectos: Alejandro y Daniela, CRIC.

La inversión inicial de CRIC fue de $100 dólares teniendo como sede una pequeña bodega en casa; a la fecha han invertido unos $70 mil dólares de los cuales $20 mil ya han sido ejecutados en campañas, análisis y trabajo de campo. «Hemos recibido ordenes por más de 100 toneladas (de insectos) pero aun no podemos realizarlas, esperamos que con el apoyo necesario de inversionistas y otros actores podamos lograrlo el próximo año» concluyó optimista Alejandro.


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