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Abriendo las puertas del mundo

En nuestras vidas no todo tiene una razón de peso para ser, en ocasiones dedicamos nuestro tiempo a algo simplemente porque nos llena de satisfacción.

Cuando hablo de mi fascinación por el aprendizaje de idiomas las preguntas que frecuentemente me hacen van en la línea de: ¿aprender idiomas es muy caro, verdad?, ¿para qué aprender tantos idiomas si existen aplicaciones gratuitas que lo hacen muy bien?, ¿es un requisito de tu trabajo?, etc.

Mis respuestas a esas preguntas son minimalistas [esa frase me gustó –risas], mi relación con los idiomas no tiene un sentido profundo: (1) aprendo idiomas porque me gusta superar el reto, disfruto el proceso y cada idioma –y la cultura de cada país– me permiten enriquecer mi forma de pensar; y, (2) gasto poco porque mi aprendizaje es principalmente autodidacta.

Aprender idiomas no es cosa del otro mundo, el secreto es que se requiere de trabajo constante y dedicación. En nuestra sociedad persiste la mentalidad que para aprender siempre se necesitará el formato aula-maestro-alumnos, cuando la realidad es que todos tenemos estilos diferentes de aprender; es solo que no nos hemos dado a la tarea de encontrar el adecuado para nosotros. Con esto no quiero decir que el formato acostumbrado es malo, pero tiene sus limitantes a lo largo de nuestra vida, en especial si se trabaja a tiempo completo o se tienen otras responsabilidades.

Les expongo mi caso como ejemplo, nunca he asistido a una escuela bilingüe. Cuando era apenas una niña mi mamá quiso que aprendiera inglés por lo que hizo arreglos para que durante los fines de semana mis vecinas me dieran clases. Esto duró solo unos 2 años pero me dejó “picada”. En mi escuela y colegio llevaba clases de inglés pero bajo el formato típico, mucha gramática, unas cuantas páginas de tareas y nada de ejercicios prácticos que me sirvieran en la vida real. Si hasta este punto se identifican conmigo les tengo una buena noticia, mi inglés comenzó a mejorar dramáticamente cuando tomé interés por la música, televisión/películas y libros en inglés. Comenzó como un juego de transcribir letras de canciones como un favor para uno de mis compañeros del colegio (las letras de Guns N’ Roses están grabadas en mi cabeza a perpetuidad), luego comencé a ver programas y películas con audio en inglés y con subtítulos también en inglés (buscando en el diccionario las palabras que no conocía) y a leer libros sencillos. Al principio estaba perdida, pero mientras más tiempo pasaba iba entendiendo más y más por contexto. Sin darme cuenta logré alcanzar un nivel intermedio y sigo trabajando en ello ya que el aprendizaje de un idioma nunca termina, comenzando por la lengua materna. Las reglas gramaticales son importantes pero nos mienten al decirnos que debemos dominarlas todas a la perfección para manejar un idioma, podemos aprenderlas poco a poco en la medida que las vamos usando.

El resto es historia, ya he comprobado que ese método le sirve a Karla Macoto, así que Karla Macoto solo hace copy-paste de lo que ha comprobado ser efectivo para ella. Actualmente aplico las mismas actividades en mi aprendizaje del coreano y el alemán. Por otra parte, ¡la cantidad de recursos gratuitos que podemos encontrar en internet es abrumadora! Invierto algo de mi dinero en clases con tutores por internet para mejorar mi pronunciación y conversación, pero siempre dentro de mi presupuesto, en ocasiones solo debo limitar gastos en otras áreas para costearme esas clases ocasionales.

Nunca he pensado que tengo habilidades especiales para los idiomas, es algo que hago porque lo disfruto, en ocasiones también me frustro cuando no avanzo tan rápido como quisiera, pero no es algo que no se resuelve con una pausa para retomar el estudio con nuevas energías. Si hay algo que he aprendido es que la motivación para hacer las cosas va y viene, pero si incluimos ciertas actividades mínimas de aprendizaje en nuestra rutina (aprendizaje pasivo como escuchar música o ver películas en el idioma objetivo), aprenderemos constantemente sin darnos cuenta y hasta los pequeños avances serán siempre avances.

Aprender un segundo, tercer o más idiomas solo nos traerá ganancias personales, literalmente nos abre un nuevo mundo, una nueva forma de pensar, en mi caso es una herramienta fundamental para mi salud mental ya que me permite concentrarme en una tarea específica que disfruto y sí, también mejora nuestro perfil profesional.

El aprendizaje de idiomas es un ejercicio único con grandes beneficios para nuestro cerebro, la cantidad de estudios científicos sobre esos beneficios aumenta constantemente, la manera que nuestro cerebro crea nuevas conexiones cuando sabemos otro idioma o como cambia nuestro personalidad y nuestra forma de pensar cuando hablamos un idioma distinto a nuestra lengua materna, es sumamente interesante.

Mi único objetivo con esta columna de hoy es “picar a alguien con el gusanito de la curiosidad” con la ilusión que los idiomas les abran el mundo de la misma manera que lo han hecho conmigo. Probablemente se encontrarán con personas que digan que un idioma se “sabe” solo si se maneja a la “perfección”, pero la realidad es que el viaje de cada uno es distinto y las razones que nos motivan a aprender un idioma en particular pueden llevarnos a enfocarnos en distintas áreas, solo lectura, solo conversación, etc., así que no debemos permitir que la comparación de nuestro viaje con el viaje de otros nos desanimen, esto es aplicable a otras áreas de nuestra vida y debemos recordárnoslo día con día.

Quiero cerrar con la información sobre una presentación en la plataforma de TEDX que disfruté muchísimo y me dio mucho en que pensar: “Cómo los idiomas moldean nuestra manera de pensar” (How language shapes the way we think) de Lera Boroditsky (profesora asociada de ciencias cognitivas en la Universidad de San Diego, California y Editora en jefe de Frontiers in Cultural Psychology).

“Vives una nueva vida por cada idioma nuevo que hablas. Si conoces sólo un idioma, sólo vives una vez.” –Proverbio checo

Karla Macoto | Relaciones Internacionales y Diplomacia, apasionada por el aprendizaje de idiomas

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